El dilema de JD Vance respecto a Israel: el riesgo político que se esconde tras el acuerdo de Trump con Irán
JD Vance ocupa ahora un papel protagonista en las negociaciones con Irán, pero dejemos algo claro: en realidad, no se trata de que JD Vance esté actuando por su cuenta en materia de política exterior. Se trata de Donald Trump.
Puede que Vance sea la cara visible de las negociaciones y quien se siente frente a los iraníes. Puede que sea él quien dé las explicaciones públicas. Sin embargo, al fin y al cabo, está cumpliendo las órdenes de Trump.
Y la orden de Trump es bastante sencilla: sacar a Estados Unidos de esta guerra, detener la hemorragia, reabrir el estrecho de Ormuz y encontrar la manera de llamarlo paz.
Por eso Vance es la elección lógica para este papel. Para empezar, él no quería esta guerra. Nunca ha sido de los que abogan por otro conflicto largo y complicado en Oriente Medio.
Se siente mucho más cómodo defendiendo que Estados Unidos ya ha gastado demasiada sangre, dinero y credibilidad persiguiendo resultados «perfectos» en una región donde los resultados perfectos rara vez existen.
Eso lo sitúa en perfecta sintonía con el instinto visceral de Trump.
Trump puede hablar con dureza, pero siempre ha tenido una fuerte aversión a que Estados Unidos se vea atrapado en otra guerra interminable. Quiere influencia y dar una imagen de fortaleza. Quiere que los titulares digan que ha puesto fin al conflicto, y no quiere una guerra eterna con Irán.
Nunca la ha querido.
Cuando Irán jugó su «baza» definitiva en forma del estrecho de Ormuz, tenía a Trump entre la espada y la pared.
Y ahí entra JD Vance. Desde la perspectiva de Trump, Vance es el mensajero perfecto porque puede vender la moderación a la base de MAGA de una forma que Marco Rubio probablemente no pueda. A Rubio se le ha considerado durante mucho tiempo más belicista, especialmente en lo que respecta a Irán.
Vance, por su parte, ha construido gran parte de su identidad a nivel nacional en torno al escepticismo hacia las intervenciones en el extranjero. Así que, si el objetivo es llegar a un acuerdo con Irán y luego convencer a los conservadores de que eso es una muestra de fortaleza, no de rendición, Vance es la persona indicada.
Ahora bien, seamos sinceros también sobre otra cosa: JD Vance no goza precisamente de gran popularidad entre los partidarios de Israel en estos momentos.
Sus recientes comentarios críticos sobre Israel tienen a muchos de sus detractores furiosos. Muchos conservadores proisraelíes ven en sus comentarios a un hombre demasiado dispuesto a crear distancia entre Estados Unidos e Israel.
Le han oído criticar las preocupaciones israelíes sobre el acuerdo y se preguntan si realmente comprende lo que está en juego. Puede que les preocupe que esta Administración esté tan ansiosa por salir de la guerra que acabe cediendo demasiado a Irán, demasiado pronto y con muy pocas garantías.
Esas preocupaciones son reales. Al fin y al cabo, las elecciones de mitad de legislatura están a la vuelta de la esquina y los precios de la gasolina tienen que bajar.
Sin embargo, demos un paso atrás por un momento y partamos de este simple hecho: Vance no es tonto. De hecho, puede que sea aquí donde su instinto político sea más agudo de lo que algunos creen.
Cabe preguntarse si algunas de sus declaraciones contundentes hacia Israel antes de entrar en estas negociaciones finales fueron intencionadas. ¿Intentaba transmitir a Irán que no iba a entrar en la sala como abogado de Israel? ¿Intentaba demostrar a Teherán que se mantenía lo suficientemente alejado del bando proisraelí como para poder realmente cerrar un acuerdo? ¿Intentaba dar la impresión de ser un mediador imparcial para que los iraníes no pudieran simplemente descartarlo como otro negociador estadounidense que cumple las órdenes de Jerusalén?
Para que quede claro, eso no significa que Vance no crea lo que ha dicho. Es muy posible que considere que Israel se ha mostrado demasiado crítico con el acuerdo o demasiado dispuesto a prolongar el conflicto, pero aquí también hay una táctica de negociación. Si intentas llevar a cabo lo que a Trump le gusta llamar «el arte del acuerdo», no entras en la sala dando la impresión de estar completamente controlado por una de las partes.
El riesgo, por supuesto, es que quizá se esté pasando de listo. Porque al intentar ganar influencia frente a Irán, corre el riesgo de perder credibilidad ante los conservadores proisraelíes, que ya sospechan que este acuerdo va por un camino peligroso. Es una línea muy delicada por la que caminar y Vance la recorre con su futuro político pendiendo de cada paso.
Esto nos lleva al punto más importante aquí, al menos políticamente para Vance: se juega mucho en esto. Recientemente, Trump bromeó diciendo que, si el acuerdo no sale bien, culpará a JD Vance. La gente se rió. Pensaron que era simplemente Trump siendo Trump.
A mí no me pareció nada gracioso. Me pareció que sonaba a la verdad envuelta en un chiste. Si este acuerdo se va al traste, Vance tendrá gran parte de la culpa.
Sí, técnicamente, la responsabilidad recae en Trump. Él es el presidente. Él establece la política. Él toma la decisión final. Si Irán hace trampa, si Israel se siente traicionado, si Hezbolá se reagrupa, si las inspecciones nucleares se convierten en otro juego del escondite, Trump será el culpable. Pero Vance también recibirá el golpe, y eso no sería bueno para sus posibilidades en 2028 (elecciones presidenciales).
Esto ocupa ahora un lugar destacado en su currículum como vicepresidente. Se trata de una prueba de fuego en materia de política exterior y, con una probable candidatura presidencial acechando en segundo plano, todo el mundo está pendiente. Los votantes republicanos están pendientes. Los evangélicos proisraelíes sin duda están pendientes. Los partidarios de «America First» están pendientes. La élite de la política exterior está pendiente. E Irán también está pendiente. Todas las miradas están puestas en JD Vance.
Si esto sale bien, Vance dirá que ayudó a poner fin a una guerra, que evitó que Estados Unidos se viera envuelto en otro atolladero, que contribuyó a impulsar la economía y que obligó a Irán a volver a someterse a cierto nivel de supervisión nuclear.
Eso sería un gran logro para su carrera.
Pero si fracasa, la historia cambia rápidamente. Vance se convierte en el político que confió en Irán, que ayudó a vender un mal acuerdo y que se distanció de Israel justo en el momento en que Jerusalén necesitaba claridad por parte de Washington. Se convertirá en el hombre que creyó poder burlar a Teherán, solo para descubrir que el régimen iraní juega una partida mucho más larga —y más oscura—.
Esa es la apuesta y, seamos sinceros, con el historial de Irán, las probabilidades no están a su favor.
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David Brody es colaborador principal de ALL ISRAEL NEWS. Cuenta con 38 años de experiencia en la industria televisiva, ha sido galardonado con un premio Emmy y sigue desempeñando el cargo de analista político jefe de CBN News/The 700 Club, función que ocupa desde hace 23 años. David es autor de dos libros, entre ellos «The Faith of Donald Trump», y ha sido citado como uno de los 100 evangélicos más influyentes de Estados Unidos por la revista Newsweek. También ha sido incluido en la lista de los 15 personajes más influyentes del país en el ámbito de los medios de comunicación por la revista Adweek.