Betania: Lázaro, Marta y Miriam: un hito en el ministerio de Yeshua
Octava parte de la serie «Personajes reales del Nuevo Pacto»
Este artículo forma parte de Gente real del Nuevo Pacto: las vidas tras los nombres, una serie de ALL ISRAEL NEWS que contextualiza a los personajes históricos de la narración bíblica. Explorar la historia y la arqueología de la Tierra Santa ofrece un marco objetivo para la lectura del texto, situando a personajes lejanos en su entorno concreto.
En la ladera oriental del Monte de los Olivos, Betania aparece en los Evangelios como una tranquila aldea cercana a Jerusalén: el acogedor hogar de Elʿazar, Marta y Miryam. Situada a poca distancia a pie de la ciudad, se encontraba lo suficientemente cerca como para sentir la presencia de Jerusalén, pero lo suficientemente alejada como para ofrecer a Yeshua hospitalidad, descanso y la intimidad de la vida familiar.
Conocida en griego como Bēthania, la aldea se llama hoy en día al-Eizariya en árabe, un nombre que conserva su conexión perdurable con Elʿazar, o Lázaro. Aunque la etimología antigua de Bēthania sigue siendo incierta, las obras de referencia han propuesto formas como Bet Aniyya —a menudo interpretada como «casa de los pobres» o «casa de la aflicción»— y Bet Hananyah, que se lee como «casa de Hanania»; ninguna de estas interpretaciones cuenta con el consenso de los estudiosos. La identidad de Betania quedó definida, en última instancia, no tanto por un significado definitivo de su nombre como por las tradiciones evangélicas y los siglos de peregrinación cristiana asociados al lugar.
Un pueblo donde convergen el hogar, el cementerio y el camino
Juan sitúa Betania «cerca de Jerusalén, a unos quince estadios de distancia», aproximadamente entre 2,7 y 3 kilómetros de la ciudad. Su ubicación en la ladera la situaba en las rutas que conectaban Jerusalén con Jericó y el valle del Jordán, lo que hacía que Betania estuviera lo suficientemente cerca como para servir de base para las visitas a Jerusalén, al tiempo que permanecía al margen del centro político y religioso inmediato de la ciudad. El pueblo se encontraba, por tanto, en un umbral entre la ciudad y el campo, la vida privada y el conflicto público, la hospitalidad y el peligro.
En el sitio arqueológico identificado tradicionalmente con la Betania bíblica, los restos arqueológicos incluyen estructuras domésticas, tumbas excavadas en la roca, instalaciones agrícolas, cisternas y estructuras cristianas posteriores. Las excavaciones dirigidas por Sylvester J. Saller (1949-1953) revelaron varias fases de ocupación, junto con cerámica, lámparas, vasijas, monedas y otros artefactos. Su informe de excavación publicado sigue siendo una referencia fundamental para el sitio.
La tumba tradicional de Elʿazar forma parte de este paisaje funerario más amplio, y su forma excavada en la roca es compatible con las prácticas funerarias judías de la época romana, aunque la arqueología no puede verificar de forma independiente que perteneciera a la persona mencionada en el Evangelio de Juan.
Si se lee junto con los principales estudios sobre la aldea, la tumba y las iglesias conmemorativas recopilados en la bibliografía arqueológica de Betania, el yacimiento arqueológico se comprende mejor a través de tres perspectivas complementarias: sus restos físicos, las tradiciones evangélicas asociadas a la familia y la memoria cristiana vinculada al lugar.
Elʿazar: un signo decisivo de vida en la casa del duelo
El Evangelio de Juan presenta a Elʿazar como un miembro querido de la familia de Betania, cuya enfermedad hace que Yeshua regrese a Judea a pesar del peligro que entraña su vuelta (Juan 11:1-5). Su nombre, El’azar, se interpreta comúnmente como «Dios ha ayudado», un significado que resuena con el énfasis del Evangelio en la acción divina sin convertir el nombre en sí mismo en una predicción de lo que sucederá.
El duelo por Elʿazar es tanto personal como comunitario. A Marta y Miryam se les unen visitantes que acuden a consolarlas, lo que refleja el papel de la familia, los vecinos y las relaciones en el pueblo en la experiencia del duelo. Elʿazar permanece prácticamente en silencio, pero su enfermedad y su muerte convierten el dolor de la familia en un encuentro más amplio con Yeshua. En este contexto, la declaración de Yeshua sobre la resurrección y la vida adquiere toda su fuerza narrativa (Juan 11:25–27).
La resurrección de Elʿazar funciona como un signo decisivo en el Evangelio de Juan. Revela la autoridad de Yeshua sobre la muerte, al tiempo que intensifica la determinación de las autoridades de darle muerte (Juan 11:45–53). El episodio se convierte así en un punto de inflexión entre el ministerio público de Yeshua y los acontecimientos finales en Jerusalén, presagiando la muerte y la resurrección que definirán el movimiento final del Evangelio.
Marta: donde la hospitalidad se une al duelo y la fe encuentra voz
Marta aparece en Lucas como la hermana que acoge a Yeshua en su casa, mientras que Miryam se sienta y escucha sus enseñanzas. Su actividad práctica refleja las realidades materiales y sociales de la gestión del hogar, más que un mero ajetreo personal. En el contexto social de la época, la hospitalidad implicaba el trabajo práctico de recibir a los huéspedes: proporcionar agua, comida, refugio, seguridad y compañía.
Dicha labor requería la coordinación de los recursos del hogar y suponía una gran responsabilidad para la persona que se encargaba de gestionarlo. En términos más generales, el trabajo de las mujeres incluía la preparación de la comida y la ropa, la supervisión de los recursos domésticos y la organización diaria de la que dependía la vida del hogar.
Por lo tanto, no se debe reducir a Marta a una anfitriona distraída. Su posición la sitúa en el seno de las realidades materiales y sociales de la gestión del hogar, donde el trabajo doméstico determinaba la reputación y el funcionamiento cotidiano de la familia. Aunque el Evangelio no especifica su estatus legal dentro del hogar, la presenta como responsable de acoger a Yeshua y de dirigir la respuesta de la familia. El hogar se convierte así no solo en un espacio privado, sino en un lugar donde confluyen la hospitalidad, la enseñanza, el encuentro social y la reflexión teológica.
En el Evangelio de Juan, el papel de Marta va más allá de estas responsabilidades prácticas. Tras la muerte de Elʿazar, ella sale al encuentro de Yeshua y entabla un diálogo directo sobre la muerte, la esperanza y la identidad de Yeshua. Su respuesta se convierte en una de las confesiones de fe más claras del Evangelio. La escena muestra que su papel dentro del hogar no limita su voz ni su comprensión teológica. La confesión de Marta aúna, así, el servicio práctico, el duelo personal y la fe pública.
Miryam: un discipulado atento y una devoción costosa
Miryam de Betania aparece en Lucas como la hermana que decide sentarse y escuchar la enseñanza de Yeshua. En Juan, aparece tras la muerte de Elʿazar, llorando mientras sale al encuentro de Yeshua y se postra a sus pies. En una cena posterior en Betania, derrama nardo de gran valor sobre sus pies y se los seca con su cabello.
Los relatos evangélicos de la unción difieren en los detalles. Marcos y Mateo no mencionan el nombre de la mujer, mientras que Juan la identifica como Miryam, la hermana de Marta y Elʿazar (Marcos 14:3–9; Mateo 26:6–13; Juan 12:1-8) Esta diferencia muestra cómo los evangelistas dan forma a las tradiciones heredadas de acuerdo con distintos propósitos narrativos y teológicos.
La escena refleja también el mundo material del Mediterráneo antiguo. El nardo era un aromático exótico importado de tierras orientales y podía alcanzar un valor muy elevado en el comercio romano. Las pruebas relativas al comercio y el valor de los perfumes orientales muestran que tales sustancias funcionaban como artículos de lujo más que como productos domésticos comunes. La acción de Miryam implica, por tanto, la entrega pública de una posesión preciosa, haciendo visible su devoción a través de un acto de notable generosidad.
El gesto también guarda relación con las prácticas funerarias judías del siglo I. En las costumbres funerarias judías de la época, las sustancias aromáticas podían utilizarse para honrar al difunto y acompañar la preparación del cuerpo. Miryam no está llevando a cabo un rito funerario: la unción tiene lugar durante una comida, mientras Yeshua aún está vivo. Sin embargo, en la narración de Juan, su acción adquiere de antemano un significado funerario, ya que Yeshua la relaciona con el entierro que está por venir.
A medida que la fragancia llena la casa, un gesto privado se convierte en un signo público. La presencia, el lamento y la unción de Miryam representan una forma de discipulado expresada a través del gesto corporal y la devoción valiente. En Betania, el acto de extraordinaria generosidad de Miryam se convierte en un signo anticipatorio de la inminente muerte y entierro de Yeshua, revelando el significado de su obra.
Del hogar a la revelación: Betania como umbral
En su conjunto, las historias de Elʿazar, Marta y Miryam muestran por qué Betania es algo más que un simple punto de referencia geográfico. Aquí, la misión de Yeshua se revela a través de las experiencias entrelazadas de la enfermedad y el duelo, las prácticas de hospitalidad y enseñanza, y los actos de generosa devoción.
Marta da voz a la fe en medio del dolor, mientras que el gesto de honor de Miryam apunta hacia lo que está por venir. La resurrección de Elʿazar constituye un momento decisivo en la narración, en el que el duelo se une a la esperanza a través de la restauración de la vida.
Sin embargo, la fe que va tomando forma en Betania no está destinada a permanecer encerrada en un solo hogar o en un solo pueblo. Desde este entorno íntimo, la narración se abre hacia el exterior, poniendo de manifiesto las realidades sociales, religiosas y políticas que configuraron el mundo en el que se desarrolló el ministerio de Yeshua.
Serie «Personas reales del Nuevo Pacto»
Primera parte: Zacarías y Elisabet en el Evangelio de Lucas revelan la vida sacerdotal en la época del Templo
Segunda parte: Juan el Bautista: el disidente de la élite sacerdotal
Tercera parte: María y José: de los talleres de Nazaret al ministerio de Yeshua
Cuarta parte: Los compañeros marineros de Galilea: dentro del mundo de los primeros «pescadores de hombres»
Quinta parte: Los recaudadores de impuestos: la llamada de Yeshua en el corazón del sistema tributario de Galilea
Sexta parte: Los eruditos de la élite de Jerusalén: Nakdimon y Yosef de Arimatea tras los pasos de Yeshua
Séptima parte: Las benefactoras de Galilea: Yohana, Miryam de Magdala y las mujeres que siguieron a Yeshua