El «pequeño rincón de México» en Israel, donde judíos, árabes y turistas se reúnen para disfrutar de los tacos
Tacos Luis, en Jerusalén, prefiere la comida a la política y da cabida a todo el mundo en su mesa
Un chef mexicano que llegó a Israel gracias a una historia de amor inesperada afirma que su popular restaurante de tacos kosher se ha convertido en algo más que un lugar para comer: se ha transformado en un punto de encuentro para personas de todos los orígenes.
Luis Cruz, fundador del restaurante que ha acercado los auténticos sabores mexicanos tanto a los israelíes como a los turistas, describe «Tacos Luis» como «un pedacito de México en Israel».
Lo que comenzó como un proyecto empresarial tras la aliá se ha convertido en un reflejo de la diversidad del Israel moderno, atrayendo a clientes de todo el espectro cultural y religioso del país.
«Tacos Luis no es solo para la comunidad judía, sino para todo el mundo», afirma. «Vienen cristianos árabes, musulmanes árabes y personas de otros países que visitan Israel. Eso es lo bonito: la cultura de “los tacos me hacen feliz” que hemos creado».
Nacido en Oaxaca (México), Cruz desarrolló una pasión por la cocina desde muy joven, aprendiendo junto a su madre, su abuela y sus tías antes de estudiar oficialmente artes culinarias. Esa trayectoria le llevó por todo México y, más tarde, por España, Francia y Dinamarca.
Su viaje a Israel, sin embargo, comenzó después de ponerse en contacto con antiguos huéspedes que se habían alojado en el albergue de su madre, en busca de una oportunidad para poner en práctica sus habilidades culinarias. Una respuesta le cambió la vida.
Su actual esposa, Leah Stoffer, nacida en Israel, necesitaba ayuda para llevar una panadería en Nueva York. Los dos trabajaron juntos allí durante siete años antes de mudarse a Israel y poner en marcha Tacos Luis.
«Ella siempre quiso volver a su país», dijo Cruz. La pareja decidió que, si se mudaban a Israel, lo harían con un negocio único. «Así es como nació Tacos Luis», explicó. «Mientras comíamos unos buenos tacos en Nueva York, le dije: “Ya está. Esto es lo que tenemos que hacer en Israel”».
Tres años después, en julio de 2018, abrieron el restaurante. Desde entonces, el local ha crecido hasta contar con 15 empleados, y ahora es habitual ver largas colas de clientes.
Pero el camino no siempre ha sido fácil, admite Cruz. «Israel es un país muy complicado. La gente es complicada, es dura, es grosera, así que tienes que adaptarte a sus condiciones. (...) Decidí aprender cómo viven, en lugar de oponerme. Así es como he conseguido destacar en este país», afirmó.
En lugar de meterse en política, Cruz dice que prefiere centrarse en unir a la gente a través de la comida. «Si alguien se me acerca para preguntarme por política, le digo: “¿Quieres ser mi amigo? Pues hablemos de comida y del futuro de este país”».
A pesar de los retos que supone dirigir un negocio en plena pandemia de COVID-19, así como de casi tres años de guerra y dos rondas de conflicto con Irán, Cruz se mantiene optimista sobre el futuro de Israel.
«Creemos que tiene el potencial de situarse entre las grandes naciones», afirmó. «Este país no tiene límites, de sur a norte. Puede que sea pequeño, pero lo tiene todo».
Cruz anima a la gente a conocer Israel de primera mano en lugar de fiarse de lo que oyen. «Vengan a verlo con sus propios ojos», dijo. «Tóquenlo. Siéntanlo. Véanlo por dentro y por fuera. Vean lo que está bien y lo que no, lo bueno y lo malo. Es un país como cualquier otro del mundo».
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