Más allá de Bibi: las elecciones en Israel ponen a prueba la alianza bipartidista de Estados Unidos

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El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en el centro, posa para una foto junto a senadores republicanos y demócratas antes de una reunión, en el Capitolio de Estados Unidos, en Washington, D.C., el 6 de febrero de 2025. (Foto: Graeme Sloan/Sipa USA)

Las elecciones en Israel han generado algo más que incertidumbre política en Jerusalén. En Washington, han reavivado un acalorado debate entre republicanos y demócratas sobre el futuro del primer ministro Benjamin Netanyahu, la relación de Estados Unidos con el Estado judío y si dicha relación podrá resistir otro periodo de agitación política en Israel.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, celebra la supervivencia política de Netanyahu, mientras que algunos demócratas, como es de imaginar, preferirían que el primer ministro israelí abandonara el cargo. Pero un punto de acuerdo bipartidista que está surgiendo es que la alianza de Estados Unidos con Israel no puede depender de un solo político.

Trump, que respaldó públicamente a Netanyahu antes de la votación del martes, afirmó esta semana que su intervención ayudó a cambiar el resultado. «He oído que mi respaldo marcó una gran diferencia para Bibi», declaró a Axios.

Aunque Netanyahu no ha conseguido una nueva mayoría de gobierno, sigue en el cargo mientras los partidos israelíes estudian sus próximos pasos. El presidente no ha descartado involucrarse en las negociaciones de coalición, y ha afirmado que «echará un vistazo».

La reacción también pone de manifiesto instintos divergentes dentro de la propia Administración de Trump. El vicepresidente JD Vance se negó a respaldar a Netanyahu antes de las elecciones, alegando que ya no se involucraría en elecciones extranjeras. El presidente de la Cámara de Representantes de EE. UU., Mike Johnson, por el contrario, afirmó que Netanyahu había sido un socio sólido de Estados Unidos y que su reelección sería positiva.

Por su parte, el embajador de EE. UU. en Israel, Mike Huckabee, cree que el panorama político tras las elecciones ha sorprendido a muchos observadores. Según él, la expectativa generalizada de que los israelíes deseaban de forma abrumadora un cambio de gobierno no se ha materializado. No obstante, Huckabee también ha sostenido que la relación bilateral seguiría siendo sólida bajo un gobierno israelí diferente.

En una entrevista exclusiva con ALL ISRAEL NEWS, el congresista republicano Mark Alford, de Misuri, afirmó que la seguridad de Israel, y no la identidad de su primer ministro, debe seguir siendo la prioridad de Washington.

«El pueblo israelí acaba de celebrar unas elecciones en las circunstancias más difíciles, lo que demuestra la fortaleza de la única democracia verdadera de Oriente Medio. Mi apoyo a Israel nunca ha dependido de unas elecciones concretas ni de ninguna figura política en particular».

«Israel se enfrenta a amenazas existenciales por parte de Irán y sus aliados; el compromiso de Estados Unidos con nuestro aliado más cercano debe seguir siendo inquebrantable, independientemente de quién forme el próximo Gobierno. Un Israel seguro contribuye a que Estados Unidos sea más seguro».

Al otro lado del hemiciclo, el diputado demócrata Josh Gottheimer, de Nueva Jersey, se expresó en términos similares la noche de las elecciones. «Nuestra alianza trasciende a cualquier líder o partido político concreto», afirmó, subrayando que la cooperación con Israel redunda en beneficio de la seguridad nacional estadounidense.

Sin embargo, ese acuerdo oculta graves divisiones entre los demócratas respecto al liderazgo de Netanyahu y al futuro de la ayuda militar estadounidense. Antes de las elecciones, la diputada demócrata progresista Pramila Jayapal señaló que la continuidad de Netanyahu al frente del Gobierno podría dificultar la obtención de apoyo para una ayuda adicional. Su compañero de partido Mark Pocan, de Wisconsin, también advirtió de que el escepticismo hacia el primer ministro podría complicar las votaciones del Congreso sobre la financiación militar.

La gobernadora demócrata de Nueva York, Kathy Hochul, se expresó en términos más personales. Cuando Politico le preguntó si la derrota de Netanyahu le facilitaría el trabajo, respondió: «Mucho más fácil». Argumentó que la seguridad de Israel era esencial, pero criticó el enfoque de Netanyahu respecto a la creación de un Estado palestino. El miércoles, Hochul aclaró que elegir al líder de Israel era prerrogativa de los votantes israelíes, no suya.

Brian Romick, presidente de «Democratic Majority for Israel», también criticó el respaldo de Trump antes de las elecciones, argumentando que los presidentes estadounidenses no deberían intervenir en las elecciones de otra democracia. La postura de Romick demuestra que, incluso entre los demócratas comprometidos con la seguridad de Israel, existe desacuerdo sobre la implicación de Washington en la política israelí.

En conjunto, esas voces revelan una tensión fundamental en la política estadounidense: muchos demócratas insisten en que el apoyo a Israel y el apoyo a Netanyahu son cuestiones totalmente diferentes, mientras que Trump y los principales republicanos ven a Netanyahu como un aliado a la hora de hacer frente a Irán.

Un segundo punto conflictivo es la denuncia de fraude electoral. Netanyahu y sus aliados han acusado a los partidos liderados por árabes de irregularidades electorales y han planteado dudas sobre una posible injerencia extranjera. Las autoridades israelíes están investigando denuncias concretas, pero los responsables electorales afirmaron el jueves que no habían encontrado fundamento alguno para las afirmaciones de que el proceso se viera comprometido de forma sistemática. Qatar ha negado las acusaciones de implicación.

Alford señaló que esa distinción es fundamental: las acusaciones deben investigarse sin prejuzgar el resultado ni utilizarlas para socavar la confianza en las instituciones israelíes.

«Las acusaciones de fraude o irregularidades en cualquier elección deben tomarse en serio e investigarse a fondo por parte de las autoridades competentes. Israel es una democracia dinámica, y debe permitirse que sus instituciones examinen las pruebas y lleguen a conclusiones basadas en hechos, no en la política. Mi apoyo a Israel —la única democracia verdadera de Oriente Medio y nuestro aliado más cercano contra Irán y el terrorismo— sigue siendo absoluto e incondicional. Sean cuales sean los resultados finales y se forme la coalición que se forme, Estados Unidos debe mantenerse firme junto al pueblo de Israel y su seguridad».

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